Más que comercios

Diciembre 26, 2018.

Foz de Iguaçu, sinónimo de espectaculares cataratas, una mítica unión de tres fronteras u otros puntos como un templo budista, o una mezquita. Esta maravillosa ciudad al margen de Brasil me guió hasta sus confines no sólo por su atractivo increíble, sino por la visión intrigante de develar al misterioso Paraguay.

Este es uno de esos territorios que no atraen a la mayoría de los turistas, parece que se torna opaco frente a los grandes destinos que lo rodean, logrando que decenas de personas no se comprometan a descubrirlo. Con esta impresión conseguí entrar a un país del cual muy poco había escuchado, de no ser por el fútbol y por el hecho de que todos los brasileños que conozco lo ven como el Hong Kong de Latinoamérica.

Aquel primer día que tan bien recuerdo, cruzando los quinientos y tantos metros por los que se extiende el Puente Internacional de la Amistad, que une a dos naciones en una sospechosa frontera donde nadie impide el libre tránsito a personas y vehículos. Aquella brisa, proveniente del majestuoso Río Paraná (a sus anchas bajo el puente), inunda al cuerpo con una sensación de frescura que contrasta con el calor agobiante de esta región.

El área que se abre al inicio de esta división paraguaya es un universo que cambia de ritmo por uno más acelerado, cientos de personas caminando de cada lado, autos transitando en todas las direcciones en un marco comercial que se extiende en todos los cantos que la vista alcanza a ver.

Una recepción de vendedores, entregando folletos, todo tipo de formas de transporte moviéndose por las calles y avenidas, corredores infinitos que se forman al margen de comercios informales y tiendas particulares.

Durante todo este recorrido se pueden ver toda clase de prendas de vestir, electrodomésticos, agencias de cambio con sus carteles electrónicos anunciando los principales valores para compra y venta de dólares, pesos, guaraníes y reales.

La picardía y astucia de los más avispados mayoristas toma por sorpresa, mientras intentan desesperadamente presentar sus mercancías a los transeúntes. Igualmente, no deja de ser impactante como la misma persona que va deambulando con artículos que incluyen yerba para tereré y audífonos, también te ofrece marihuana.

Es el reflejo de una economía abierta al mundo, que se distingue por aceptar las cuatro monedas anteriormente mencionadas para el pago de cualquier bien. Lo cual produce que la tarea de memorizar los precios de los productos sea una tarea más desafiante para los comerciantes.

Claro que, no todo lo que se ve en Ciudad del Este es comercio, tras recorrer algunas calles y llegar a la Avenida Alejo García, encontramos un lindo museo, que en realidad fue la primera casa construida de la localidad. Actualmente, además de estar surcada por banderas y vegetación, posee diversas fotos y antigüedades que muestran la historia de un país que ha sido asediado por la guerra en épocas anteriores y golpeado por las negociaciones con sus vecinos Argentina y Brasil. Pero aún así, tras el cese de dichas confrontaciones decidió erigir el tramo colgante que lo une a la tierra carioca, llevando un nombre tan específico, que promueve la parcería entre dos naciones.

Muy próximo se halla el cruce con la Avenida General Bernardino Caballero, con los encantos del Parque Memorial Chiang Kai Shek y el ex aeropuerto Alejo García,  muy cercanos a la estación de buses donde compraríamos nuestro boleto de ida a Encarnación. 

Ese día amenazaba con ser lluvioso, un completo riesgo para aventurarnos al Parque Municipal Monday, ubicado en el distrito Presidente Franco, y que conforma un espectáculo que fue una de las estaciones del camino prehispánico de los guaraníes, también una de las atracciones más populares de Paraguay. 

Con este plan en mente, nos lanzamos a la búsqueda de nuestro destino, ignorando toda señal adversa del clima. Lo cual resultó ser una buena idea, en esta región que se caracteriza por cambios bruscos del tiempo, y que no dejó ni la sospecha de lluvia después de unos minutos de precipitaciones. 

De manera similar, comenzó esta historia de choque cultural donde cada persona lleva consigo un tipo especial de termo, que no sólo se diferencia por los colores, grabados y letras que los personalizan (además de la guampa que afirma a un lado), sino por el tipo de bebida para el que es usado. 

Sin duda, se puede afirmar que esta es la tierra del tereré, un escape al sofocante calor, creado a punta de yerba mate consumida con agua fría y drenada a través de una bombilla especial que permite succionar el lìquido que se impregna de un sabor único. Mi expectativa por probar este néctar que da identidad a todo un país debía esperar a llegar a Encarnación, para finalmente compartirlo rodeado por amigos. 

Ocasionalmente llegó mi segunda muestra de diferencias culturales, cuando incrementó la dificultad por entender un español marcado por un fuerte sonido en las "r" y una manera de pronunciar el resto de las palabras que se asemeja al intento de una persona por hablar con una papa en la boca. Igualmente, la lengua guaraní o su mezcla con el español (yopará), exhibía parte del patrimonio que intenta mantenerse vivo en este lado del planeta, ante una modernidad que inculca el aprendizaje de inglés entre los jóvenes, o que resta valor a las lenguas más indígenas. 

Nuestro viaje se movía sobre un autobús bastante rural, que cual escena del crimen, se mostraba pintado por la típica tierra roja que vemos en esta región y que hace que las personas comiencen a evitar comprar vestimenta blanca por la facilidad con la que se ensucia. 

El paseo sobre esta caja metálica fue bastante corto, a pesar de que el conductor olvidó indicarnos donde bajarnos para ir a los saltos. Lo que nos permitió ver algunas zonas residenciales donde el camino pavimentado acaba y comienza el de barro.

Una vez en la calle, andando hasta la entrada de los saltos, que se encuentra unas seis calles abajo, con un sol abrasador más un calor agobiante, optamos por comprar cuatro cervezas por diez mil guaraníes (poco más de un dólar y medio) para soportar la tortura hasta llegar a la estrada donde compramos ingresos al parque. Estando dentro, comenzamos un descenso por un lindo camino cubierto de vegetación a un lado del Río Monday, acompañando a la corriente que alcanza su máximo punto en las maravillosas cataratas que se desprenden al final del trecho. 

Existe algo mágico al ver estas caídas de agua color bronce claro, cada zig zag que la corriente realiza en torno a las rocas, los pedazos de tierra cubiertos por pequeñas formas de vida crecientes ante el rocío. Igual que toda esta majestuosa unidad que se deshace mientras cae, perdiendo todo su conjunto hasta volver a reunirse en el fondo y continuar. 

Ese momento que duró por lo menos veinte minutos de sólo contemplación y el sonido estruendoso del impacto en el fondo, estuvo copado de gratitud y entendendimiento de lo maravilloso del paisaje, al igual que lo lejos que habíamos llegado sólo empezando este capítulo de nuestro recorrido. 

Aquel día regresamos a la urbe siguiente al puente, transitando las orillas del Lago de la República (ícono del centro de la ciudad) que cubre considerables dimensiones y permite que a cientos de personas ejercitarse y desconectarse del aura que rodea a la metrópoli.


Si piensas que la aventura es peligrosa, prueba la rutina, es mortal.
Nothing behind me, everything ahead of me, as is ever so on the road.


Otros blogs: 
Lee y Memorízalo
Atemporal
Rasgando el papel

Comments

  1. Me gusta como logras transmitir el gran valor de detalles que a simple vista para los demás parecen insignificantes. Can't wait for the next💜

    ReplyDelete
  2. Es súper especial. Gracias por compartirlo.

    ReplyDelete

Post a Comment