Comida, Paisajes, y Gente - Barranquilla

Domingo, 15 de Diciembre de 2019

Colombia es un paraíso incomparable en paisajes, único en sabores y exuberante en experiencias. Uno de los países más ricos en biodiversidad por sus climas, gran número de especies, y ecosistemas, que parecen formar diferentes territorios dentro de una sola nación. Entre ellos, es claro que hay numerosas ciudades emblemáticas... Una de estas es sinónimo de progreso, gastronomía, y de forma más cotidiana, por ser el lugar natal de un símbolo viviente de la música, Shakira. 

La ciudad de Barranquilla, capital del departamento de Atlántico, es bañada por las aguas del río Magdanela (el principal del país), en la desembocadura del Mar Caribe. En la actualidad, su población es un poco menor al millón y medio de habitantes, posicionándose como el principal centro económico de la región caribe. Sus actividades principales, como el comercio e industrias, son la base que deja de lado al turismo, resultando en un destino poco concurrido por extranjeros, dada la escasez de puntos turísticos a conocer.

A pesar de esto, pude disfrutar de algunos de ellos, como Caimán del Río, una zona de restaurantes desbordante en energía y modernidad de decenas de restaurantes que incluyen comida árabe, peruana, mediterránea, hasta cualquier culinaria conocida. Su ubicación es incomparable, a un lado del imponente río Magdalena, cuyas achocolatadas aguas se agitan con incesante fuerza a lo largo del día, siendo especialmente intimidantes durante la noche con un aire tétrico y a la vez atrapante.

El Museo del Caribe, también, entre secciones y salas permanentes, brinda un paseo ilustrado a través de la identidad cultural del caribe, exponiendo los orígenes de la cumbia, los principios de los pueblos aledaños, y las costumbres de decenas de grupos indígenas que habitan Colombia, retratando los rasgos únicos que componen al territorio nacional.

Es también de especial interés la comida típica de la costa, cuyas notas gastronómicas resuenan muy alto en los paladares foráneos, agrupando ingredientes como frutos de mar y pescado, acompañados de diversas guarniciones. En este aspecto, tuve la oportunidad de conocerla ampliamente por la cantidad de tiempo que permanecí en esta zona.

Específicamente en Barranquilla, mis menús fueron llamativos en varios sentidos, comenzando por el arroz de lisa, plato típico de la ciudad. Se prepara con base en lisa (un pez de mar que termina apareciendo en la desembocadura de ríos), el cual se seca y se sala con anterioridad para acompañar un platillo con aditivos como cebolla, ají dulce, pimentón, cebollín, sal y pimienta. Es presentado sobre una hoja (de bijao), junto a un bollo de yuca y ensalada de aguacate, resultando en un arroz único, con sabores de pescado muy presentes y uniformes en todo el conjunto, sin ser invasivos, al balancearse con el resto de acompañamientos.

Otro plato interesante serían las huevas de pescado, una concentración de miles de huevos que se aliñan y se fríen en aceite, para formar un grupo de deditos de textura relativamente seca, y a la vez grumosa, que acompañados por patacones y ensalada pueden ser un deleite culinario. Al igual que la butifarra soledeña, presente en eventos callejeros, así como degustaciones de tendencia gourmet. Este manjar se prepara mezclando carne molida, carne de cerdo, pimienta, ajo, y sal, para ser procesado y colocado dentro de tripas de cerdo, que se hierven formando pequeñas bolas que después rocían con limón y se comen junto a rodajas de yuca.

Ahora bien, en la variedad de frutos igualmente las opciones son magníficas. Nada como un delicioso jugo de corozo, de típico color granate, con gusto un tanto cítrico e infinitamente refrescante, que no por nada termina siendo el favorito de la mismísima Shakira.

Más allá de la culinaria, no puedo afirmar que Barranquilla fuese sencilla de conocer, el clima caluroso de las costas, que obliga a desprenderse de prendas para optar por la practicidad y ligereza, usualmente se presenta en lugares con fácil acceso a playas, lo cual no es un rasgo distintivo de esta ciudad. Los bañistas prefieren disfrutar de las costas de Santa Marta y Cartagena antes que desplazarse kilómetros para alcanzar playas cercanas que no son reconocidas como las más paradisíacas. También me sentí desmotivado por la falta de inversión en el turismo, pero me acomodé muy bien en mi alojamiento.

Durante esa semana, me hospedé en un Airbnb sumamente acogedor, con una cachorra pug sumamente divertida. Siempre buscando la oportunidad para conversar con mis anfitriones y apilar nuevos conocimientos a mi visión de un territorio ampliamente polarizado, donde la izquierda nunca ha gobernado (para bien o para mal), en un choque de realidades dentro del país con mayor número de desplazados por un conflicto armado que nunca parece llegar a su fin, y que se ha extendido por décadas. Siempre cabe plantearse, ¿cómo es posible que la violencia esté tan latente en una tierra con quizás las personas más amables del mundo?

Aún faltaba mucho por entender, línea costera a ser transitada  y experiencias por vivir...

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