Ante todo, humildad
“Pobres no son los que tienen poco. Son los que quieren mucho. Yo no vivo con pobreza, vivo con austeridad, con renunciamiento. Preciso poco para vivir”
Hace varios años que conocía a la figura de José Alberto Mujica Cordano, mejor conocido como Pepe Mujica, eternamente mostrándose con su característico ademán honesto, ilustrando su conocimiento en uno de tantos discursos que infinitas veces llegué a repetir. Cada palabra que pronunciaba juntaba ese rompecabezas de la vida, que a tantos se ha llevado por delante sin llegar a encontrar las piezas faltantes de la felicidad. La austeridad, vivir de forma sencilla, con lo justo, frases que proyectan toda una serie de reflexiones que agitan el fuego que llevo dentro y que espero nunca ose apagarse.
En aquellas etapas del adolescente que soñaba con conocer Brasil, y se colmaba de palabras de Pepe, poca imaginación había para idear la posibilidad de lograr estar frente a la casa del ex mandatario. Aquel pedazo de tierra que constituye un lugar ligeramente apartado de la ciudad, con una distinción mucho más rural entre madereras y chacras. Justamente ubicado en las instancias que se abren en la parte trasera del barrio que muchos montevideanos miran displicentemente por ser una parte de la capital un tanto más deprimida y peligrosa, que lleva por nombre Cerro. La casa de Mujica se extiende a la mitad del camino, intersectada en su ruta primeramente por el letrero en mayúsculas que señala "Pare", junto a una caseta de vigilancia con apenas un policía, lo suficientemente despistado para haber bordeado exitosamente el letrero en el auto y regresar, excusándonos bajo el argumento de no ser locales y desconocer las leyes. Despidiéndonos de este lugar mítico por sus habitantes, pero no en apariencias, las cuales son bastante comunes.
Es esta una de tantas cuestiones que tiene de especial el Uruguay, quizás te topas con el vicepresidente en la feria comprando verduras e intercambias ideas sobre la política nacional. Todo esto se me hacía de lo más extraño, y es por ello que mucho aprendería sobre esta región, que a la distancia se ve con ojos de admiración, siendo apodada La Suiza de América, cubierta entre el oscuro Río de la Plata y el imponente Océano Atlántico. Este es el estado que le hacen frente dos gigantes vecinos que fueron protagonistas durante décadas de enfrentamientos que rodearon al territorio uruguayo y cuya historia se siente muy latente en Montevideo.
Ésta es la crónica del recorrido por una nación llena de sencillez, un territorio sumamente chico. Y como me gusta pensarlo, si en vez de país... fuese un traje, sería uno que da gusto calzarse, pues a pesar de su candidez, esconde maravillas que conquistan.
Otros blogs:
Lee y Memorízalo
Atemporal
Rasgando el papel
Otros blogs:
Lee y Memorízalo
Atemporal
Rasgando el papel
Comments
Post a Comment