Historias de hospedajes - Capítulo 3

Como lombriz

Parte de mi forma de viajar es compartir habitación en hostales, lo cual implica,  sin duda, declararse concubino de las literas. Las hay de todas clases, con cortinas, sin cortinas, con media cortina, de un piso, de dos, y recientemente he visto hasta de tres. Se disponen para organizar y aprovechar mejor el espacio, y así soportar un mínimo  de cuatro huéspedes hasta lo máximo imaginado.

Conceptualmente la idea no suena mal, sobre todo para el dueño del hostal, ahora bien, a nivel práctico muchas literas tienen un problema, cuentan con estructura frágil. Tal escenario sólo produce que quien está abajo sufra el movimiento de la persona de arriba, al subir y bajar las escaleras para llegar a su cama, sin mencionar a aquellos que se mueven demasiado en su propia cama, transmitiendo así el movimiento a los demás. Claro que hay excepciones a la regla, existen estas literas que son enormes cubos metálicos, de construcción más compleja y brindan un espacio más diseñado que sólo un colchón suspendido sobre unos tubos metálicos. Desafortunamente, son mayores los casos de malas literas que buenas, y esta es la historia de la peor hasta la fecha.

Había decidido reducir gastos en la metrópoli más desarrollada de Brasil, São Paulo, altamente poblada y reconocida por lo bajo como la capital de este gigante, al menos haciendo referencia al ámbito económico. Tal línea de pensamiento me llevó a quedarme en un hostal bastante económico, y que a primera vista parecía un buen lugar, aunque bastante excéntrico, por fuera semejaba una mezquita. Allí conocí las literas de tres pisos, por los altos techos de cada habitación, lo que para mi mala suerte sería un problema bien nefasto.

Aquella del medio sería mi lecho, coronada por el ocupante del tope, que era bastante quisquilloso, pues de madrugada subió y bajó un par de veces, encendió una luz, se le cayeron algunos papeles, un pantalón quedó colgando desde su cama, y finalmente comenzó a moverse de un lado a otro. Podría parecer que tal ocurrencia sería insignificante para mi, si no fuese por el hecho de que mi cama se movía como un resorte tras cada movimiento. La intensidad con la que se transmitía cada giro era absurda, mientras intentaba dormir, todo el colchón temblaba al punto de hacer saltar el agua dentro de una pequeña botella que reposaba a un lado. Habían ratos que me desesperaba y yo replicaba cada movimiento, convulsionando en reflejos para enviar el mensaje de que podía sentirse todo lo cada uno hacía en esta torre de metal, pero parece que no llegó tal memo hasta él.

Al día siguiente, descubrí que el exagerado estremecimiento era producido por estar igualmente muy poco separada de otra torre de literas con tres personas más, así se integraba una orquesta de vibraciones y movimientos bruscos que dificultaba la tranquilidad del sueño.

Una palmada de amistad

Rosario, aunque encantadora, sufrió una rápida y desmerecida visita de mi parte. Honestamente la idea de ir no fue demasiado estructurada; algo era seguro, solicitar apenas un fin de semana en Couchsurfing sería mucho más sencillo de conseguir que un período más largo. Además, este viaje vivió aquella odiosa travesía desde Buenos Aires, que me retrasó por horas, haciéndome cambiar de bus en más de una ocasión. 

Luciano fue mi anfitrión, en un departamento pequeño pero acogedor, altamente integrado con la tecnología de Alexa (la asistente virtual de Amazon). En este aspecto, Lucho disfrutaba de dejar a cargo de la iluminación, televisión, alarmas y seguridad a una pequeña pieza de tecnología que se iba colando en las conexiones del hogar, sólo bastaba hablar de forma clara diferentes órdenes a Alexa para que realizara diferentes funciones, y debo decir, que en cierto punto, era útil. 

Esa madrugada que llegué, estaba tan cansado que accedí a compartir la enorme cama, más aún ante la deprimente idea de tener que dormir en otro colchón inflable, eso sería insufrible. Sin embargo, la misma decisión la repetí en días subsiguientes, pues me parecía una tontería que habiendo tanto espacio, tuviera que incomodarme por compartir colchón con un chico que tenía buenas recomendaciones en la plataforma de Couch, y que de primera impresión, caía bastante bien. 

Por otra parte, Rosario parecía mágica, pero sí bastante modesta, mucho menos vertical, aunque sí contaba con un paisaje precioso y tantísimas áreas verdes que, llamaba a disfrutar de los ratos libres entre mates.

Aquel fin de semana todo pasaba con tranquilidad, de no ser hasta aquella noche que decidimos mirar Netflix, alguna película tranquila en la comodidad del hogar. Tras un día de mucha caminata acompañada por cada dato histórico que Luciano agregaba, escogimos una de estas películas de ficción que plantea cuestiones imposibles a la fecha, y sumado al hecho de que ya era bastante tarde, comencé a caer en un estado soñoliento. Recuerdo poco lo que pasó luego, sólo sé que tomé mi lado de la cama y dormí plácidamente. 

Horas más tarde, desperté para cambiar de posición, y así me di cuenta de un peso sobre mi costado. Al retirar mi brazo, noté la mano extendida de Luciano recostada a mi costilla derecha. A partir de allí, demoré como diez minutos pensando qué hacer, obviarla, moverme, quitarla, y todas las opciones parecían desalentadoras. Por una parte, no pude hacer de cuenta que no estaba allí, porque empezaba a sentir el calor que emitía en contacto con mi camisa. Tampoco tenía ánimos de tocarla, y si rodaba para apartarla, terminaría pisándola al volver a mi posición original. No obstante, esta fue la decisión que tomé. Emprendí una rotación hacia mi lado izquierdo para lograr apartarla. Eso sí, bajo mi criterio, seguiría allí,  próxima a mi espalda a la hora de regresar, y esto era lo peor de la historia. Por ello descansé diez minutos con medio cuerpo fuera de la cama, ambas rodillas suspendidas en el aire y el brazo sobresaliendo casi hasta tocar el piso, con las esperanzas puestas en que se quitara. Y cuando finalmente comencé a voltearme, Lucho había rotado y estaba en otra posición, quitándome una angustia y un rato de desagradable afecto.


Comments

Popular Posts